IPDRS Logo VISITA NUESTRO
NUEVO SITIO WEB
Actualidad

 

 

 

 

Posts @IPDRS

Colombia

Un estudio de la Universidad Javeriana y Unillanos muestra casos de éxito de un modelo productivo que se ha pensado inviable.

La altillanura colombiana, la subregión del oriente del país más cercana a Venezuela y que comprende los departamentos del Meta y Vichada, desde la margen derecha del río Meta, en Puerto López, hasta la desembocadura del Orinoco, ha sido tradicionalmente considerada agreste para la agricultura. Los suelos no son los más fértiles y se presentan fuertes vientos e intensos veranos, por lo que la actividad acostumbrada ha sido la ganadería extensiva.

La advertencia de un desplome de la producción como consecuencia de los cambios climáticos, entre otros factores, ha puesto a esta zona en lo más alto de las prioridades del Gobierno a nivel rural en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo. Dicen las bases de la hoja de ruta para el próximo cuatrienio que la “altillanura productiva tiene un amplio margen de expansión, ya que el 5,5% del total de hectáreas en el país con vocación agrícola se ubica en esta zona, y de éstas, menos del 3% se encuentra cultivada”.

Por la memoria de los que hicieron parte del proceso e iniciaron el sueño y la iniciativa de la Maloka de la selva Amazonía - OPIAC que ha construido y fortalecido con sueños y esfuerzos, con retos y dificultades, pero también con satisfacciones y logros con crecimientos individuales y colectivos en 20 años de oficialidad de la organización y miles –miles de años de historia como pueblos con culturas milenarias y principios solidos de interrelación con el mundo externo y sobre todo con el territorio y la naturaleza, por este gran legado y con el propósito de enriquecer las propuestas y el derrotero de la Amazonía como Maloka con 63 pueblos se dio inicio al VI Congreso de la OPIAC que se lleva a cabo hoy 19 y mañana 20 de mayo en Villavicencio –Meta.  

El desarrollo del Congreso comenzó con un ritual integral de armonización en el cual los paye, taitas, caciques, taitas y los sabedores desde Amazonía, Putumayo, Caquetá, Guaviare, Vaupés y Guainía, hicieron un llamado a reflexionar profundamente sobre las consecuencias que pueda generar los actos del hombre a la naturaleza y su interrelación ecológica y el mal e irresponsable uso que hacemos de los recursos naturales. Llamaron al diálogo y a hacer una evaluación ecuánime, franca y respetuosa del camino recorrido y orientar el derrotero, sueños y quehacer organizativo de los pueblos indígenas y principios espirituales y cosmogónicos para consolidar la Maloka de proyección de la Amazonía.

Mientras el Gobierno Nacional escucha atentamente las recomendaciones que la OCDE, “el club de los ricos”, en materia agraria tiene como requisito para acceder a su membresía, los campesinos de la Cumbre Agraria le exigen al gobierno no dilatar las negociaciones del pliego único de peticiones presentado hace un año, y del que no se ha llegado a un solo acuerdo.

Era mayo de 2014 cuando el campesinado colombiano anunciaba el segundo tiempo del paro agrario que había empezado en agosto de 2013. El Gobierno Nacional llamó a los dirigentes agrarios, étnicos y afros para sentarse a una mesa, definir la metodología y discutir la propuesta de reforma agraria integral que reclamaba la Cumbre Agraria. Hoy, el balance que arroja un año de encuentros y lo distantes que pueden estar los acuerdos, resulta desalentador.

Cerca de 300 delegados de la Cumbre Agraria, articulación de organizaciones sociales surgida de los paros agrarios de 2013, se reunieron en la ciudad de Bogotá para evaluar, a un año de la instalación de las negociaciones, el estado de las mismas. Los voceros coinciden: el balance de las negociaciones es negativo y en cualquier momento se esperan nuevas movilizaciones.

Delegados del Coordinador Nacional Agrario –CNA-, de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina –Anzorc-, del Proceso de Comunidades Negras –PCN- de la Organización Nacional Indígena de Colombia –ONIC-, la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos, entre otras organizaciones regionales de todo el país atendieron a la cita para evaluar la situación y proyectar las acciones de respuesta frente a la actitud del Gobierno que calificaron como incumplimiento y dilación.

Tras la implementación del TLC Colombia-Estados Unidos, negociación más significativa para el país en los últimos años, queda claro que los conflictos del campo, secuela del narcotráfico y el conflicto armado, debieron ser resueltos antes de su firma. Inequitativo y asimétrico, este acuerdo comercial caracteriza al sector agrario como perdedor. Por un lado, el Gobierno permite el ingreso de toneladas de productos sin aranceles, generando competencia desleal, y por otro, esas concesiones libres de tributo, superan las ofrecidas por la nación socia.

No obstante, el valor de compras de productos estadounidenses es superior a las ventas de productos colombianos allí. Expertos aseguran que no hay posibilidades de revertir tal situación a mediano plazo.

Joomla! Debug Console

Session

Profile Information

Memory Usage

Database Queries