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Colombia

“El río es sólo una de las manifestaciones del agua. Proteger el agua aquí, defender el agua aquí, es defender totalmente el ecosistema de todo el territorio y en esa medida del mundo, aquí estamos en un lugar especialmente privilegiado y tal vez el lugar desde el que habría que articular en este mundo y para este mundo el discurso del agua, por eso me parece tan importante todo esto, porque no puede ser percibido simplemente como la lucha local de unos ribereños o como la lucha local de unos nacionales por defenderse de unas fuerzas que avasallan un territorio y que quieren apoderarse de él, sino que es la lucha de la humanidad por salvar la esencia de su futuro es la lucha por salvar este planeta de un colapso anunciado y casi inminente”. William Ospina

Recientemente el Gobierno de Santos concesionó el Plan Maestro de aprovechamiento del río Magdalena a la estatal Hydrochina con la excusa de buscar su recuperación pero con el claro propósito de privatizar el río para megaproyectos de generación de energía y transporte de carga como “uno de los pilares estratégicos para la competitividad de la Nación, debido a los bajos costos y el desarrollo de infraestructura para el estímulo a la inversión privada”.

Se carecía aquí de culturas agrícolas, mientras en Europa y Estados Unidos ya se utilizaban equipos para el manejo de subsuelos, abonos orgánicos, rotación de cosechas, drenajes, riego y selección de razas.

Desde 1950, con la Revolución Verde, Colombia se tornó en gran demandante de insumos químicos a partir de los fertilizantes, teniendo en cuenta que el 80% de nuestros suelos son ácidos. En 1984, 30 años después, el consumo de fertilizantes pasó de 20.000 toneladas al año a 754.000, 37 veces más, y de ahí a 2010 se ha duplicado hasta llegar a un millón y medio. Para 1974 Colombia ya era el primer consumidor de agroquímicos de América Latina.

Con los años no ha cambiado. Un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, de 2012, afirma que Colombia aplica 521 kilos por hectárea, mientras que en América Latina el promedio de aplicaciones de fertilizantes es de 148; en Asia, 85; en el norte de África, 157, y en el África subsahariana, 10.

Las 350 a 400 cabezas de ganado, sembrados de pastoreo, el tractor y las herramientas de trabajo que Jorge Ernesto Aragón Barrios, Segundo Filemón y Javier González Sáenz tenía en el predio El Agrado, en la vereda San Antonio, de Mapiripán, las tuvieron que abandonar en el año 2006 por las amenazas de los paramilitares. Estas tres personas sostienen que se convirtieron durante cinco años en víctimas del desplazamiento forzado, pese a ser propietarios de El Agrado desde el año 1989.

A partir del año 2011 volvieron a recobrar la posesión del predio, cuando uno de los lugartenientes se acogió al programa de desmovilización y los otros paramilitares entregaron voluntariamente el terreno, “pero el ganado, las herramientas y el tractor no fueron devueltos”, dicen. (Lea: Juez revisará la orden de libertad que le fue concedida al 'Alemán') 

Así es, desde el punto de vista de los nativos, la batalla por la recuperación de las tierras que se libra con dureza en este departamento. Reportaje del periodista Ramón Campos Iriarte.

Desde Cali, en un carro, nos encaminamos hacia Corinto, uno de los 42 municipios del departamento de Cauca. El viaje dura dos horas, con hermosos paisajes, por una carretera pavimentada. El objetivo es llegar a las fincas Quebrada Seca, Miraflores, García Arriba y García Abajo, en el municipio de Corinto, Cauca, todas ocupadas por indígenas, mayoritariamente nasa, desde diciembre pasado. A la salida del pueblo de Corinto, vemos unos 50 ESMAD desabrochados, tomando gaseosa bajo el sol inclemente del suroccidente colombiano. Desde ese punto hacia las fincas se entra por un camino destapado con vestigios de disturbios: piedras y palos atravesados, ramas quemadas. Los portones de las fincas, rocas enormes y troncos de árboles sobre la carretera están pintados de rojo y verde, los colores del Consejo Regional Indígena del Cauca, la organización que heredó las luchas de Juan Tama, La Gaitana, y Quintín Lame. Esto es territorio indígena.

Se reunió esta semana la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular para adelantar su seminario político ideológico, en el cual se analizó el momento del proceso, sus desarrollos y atranques. Dentro de la discusión sobresalieron 4 puntos: el proceso y su vínculo regional, el tema de la paz, el incumpliendo del gobierno nacional y la proyección de la movilización.

La cumbre está caracterizada por ser el principal espacio de unidad de sectores sociales y políticos que convergieron en el pasado paro agrario y que lograron sentar al gobierno en una mesa de interlocución y acuerdos, instalada por el propio Santos en octubre. 

El desarrollo regional de la Cumbre

Una de las mayores potencialidades que tiene este proceso de articulación, es la capacidad y desarrollo regional con que cuentan las organizaciones que la conforman. Por ello, las dinámicas de trabajo y reactivación en las diferentes zonas del país ha sido uno de los principales puntos de discusión. 

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