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Colombia

Con el Programa Sembrar Paz UNIAGRARIA, ha logrado capacitar en emprendimiento y agronegocios a más de 38.000 jóvenes del sector rural.

La Fundación Universitaria Agraria de Colombia ? UNIAGRARIA, en cumplimiento de su misión formativa y compromiso con las comunidades vulnerables del país, viene desarrollando desde hace más de 12 años varios programas de extensión y Responsabilidad Social, los cuales tienen como propósito generar soluciones a problemáticas sociales en las diferentes regiones rurales, principalmente, mediante la implementación de proyectos de extensión, investigación y formación.

La Fundación Universitaria Agraria de Colombia - UNIAGRARIA, en cumplimiento de su misión formativa y compromiso con las comunidades vulnerables del país, viene desarrollando desde hace más de 12 años varios programas de extensión y Responsabilidad Social, los cuales tienen como propósito generar soluciones a problemáticas sociales en las diferentes regiones rurales, principalmente, mediante la implementación de proyectos de extensión, investigación y formación.

Mujeres afrodescendientes del norte del Cauca conocedoras del valor ancestral del territorio marcharon desde el Cauca, llegando hoy a Bogotá, para rechazar las amenazas de despojo territorial de la locomotora minero energética, las concesiones y títulos mineros a multinacionales y la presencia de grupos armados en su territorio.  Exigen a la Corte Constitucional y al gobierno nacional la protección de sus derechos colectivos e individuales.

Las mujeres Afrodescendientes nortecaucanas somos conocedoras del valor ancestral que tienen nuestros territorios. Mucha sangre de nuestros ancestros y ancestras fue derramada y mucha sangre de nuestras madres, padres, hermanas y hermanos ha sido derramada para conseguir estas tierras. Ellas nos enseñaron que la tierra no se vende, que debemos garantizar a los renacientes la permanencia en el territorio ancestral. Han pasado cuatro siglos y su memoria es nuestra memoria, sus prácticas son nuestras prácticas trasmitidas por nuestras abuelas y abuelos  y que hoy nuestras hijas y nuestros hijos continúan reafirmando. Nuestro amor por el territorio como fuente de vida y pertenencia ha sido la garantía para sostener uno de los patrimonio naturales y genéticos mas ricos del mundo. Nuestros territorios han sido de vida, alegría y paz.

Marina sembró y cuidó durante seis meses el maíz, la arveja, la arracacha y los lirios en su finca de hectárea y media cerca de Duitama. Lo hizo atenta a las facetas lunares y previendo las épocas secas y lluviosas del año, tal como se lo enseñó su mamá y a ella, la abuela. Pero la lluvia se adelantó y la quebrada se desbordó. La huerta quedó inundada y la pérdida fue total. Tal vez pueda empezar a sembrar mandarinas y naranjas a 2600 metros, especies de tierra templada y caliente que empiezan a darse cada vez más arriba. El nuevo clima está desplazando las papas y otras cultivos de tierra fría hacia los páramos, en donde sería mejor dejar tranquilos a los musgos que reservan el agua para todo el Orinoco.

De las 5,3 millones de mujeres rurales en Colombia, la mitad vive en condiciones de pobreza y el 22,3%, no sabe leer ni escribir. En las ciudades, el analfabetismo de las mujeres es del 8,2%. Yina, que estudió derecho sin apoyo del Estado, sino por hacer parte de organizaciones sociales desde joven, le exige al gobierno un Plan Nacional de Educación de mujeres rurales. La educación no debe implicar odiseas y riesgos. Pero además, el Plan debe considerar que las mujeres en el campo son distintas. No es lo mismo una mujer de Montes de María que vive en María a Baja a una del Cauca. Allá somos negras y acá son indígenas, explica Yina y por lo tanto, la educación, la salud y la vivienda deben tener en cuenta las diferencias.

Este martes se cumple una semana desde que mujeres afrocolombianas decidieran iniciar una larga marcha desde la comunidad de “La Toma”, en el municipio de Suárez, departamento del Cauca, hasta la capital Bogotá que significa un “ya basta” a la violación de sus derechos territoriales por parte de megaproyectos, en especial de minería trasnacional.

“Mientras caminamos vamos a contarle a toda la gente por lo que estamos pasando. Decidimos caminar y cantar, y no sentir miedo” dicen las mujeres. Una de ellas, Francia Elena Márquez, fue entrevistada para Radio Mundo Real en momentos en que la movilización dejaba el departamento del Cauca, al suroeste colombiano, para atravesar dos cadenas cordilleranas y arribar a la capital.

Son mujeres que llegan de frenar a las retroexcavadoras en varias de sus comunidades, creadas a partir del asentamiento de esclavos fugitivos de los grandes cultivos azucareros, cuyos derechos territoriales se encuentran a salvo solo en el papel.

En el diálogo se percibe un hartazgo de la situación de opresión múltiple por la que atraviesan: por mujeres, por afros, por campesinas, pescadoras y luchadoras sociales y defensoras de su territorio.

En el auditorio cabían unas mil personas. Pero un número todavía mayor acompañó el juicio desde la calle.

Y a través de ellas, por aclamación y mano alzada, fue una comunidad entera la que dictó sentencia en contra de los guerrilleros de las FARC involucrados en la muerte de dos guardias indígenas cerca de Toribío, Cauca, la semana pasada.

Lea también: Indignación en Colombia por muerte de guardias indígenas a manos de las FARC

Primero fueron 60 años de cárcel para Carlos Silva Yatacué, presunto responsable de las muerte de dos comuneros nasa que intentaban retirar de su territorio un cartel en homenaje al excomandante guerrillero, Alfonso Cano.

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