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En el marco de la V Reunión Ministerial sobre Agricultura y Vida Rural y la XV Junta Interamericana de Agricultura (JIA), que se desarrolló, en Montego Bay, Jamaica; el CAS realizó su IX Reunión Extraordinaria, se realizó el traspaso de la Presidencia pro tempore de Uruguay a Paraguay, siendo el nuevo presidente del Consejo el Dr. Enzo Cardozo, Ministro de Agricultura de Paraguay; cuyo mandato ejercerá por un año.

El Consejo Agropecuario del Sur (CAS) es un foro de discusión y debate conformado por los Ministros de Agricultura de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

Uno de los principales objetivos fijados por el nuevo Presidente en acuerdo junto el resto de los Ministros será la capacitación y especialización, especialmente de jóvenes profesionales en las distintas áreas temáticas, tanto a nivel intrarregional como externo.

EL foro ministerial realizó, la reunión extraordinaria en el marco de la semana de la agricultura que se desarrolla en Jamaica. En esta oportunidad se efectuó el traspaso de la presidencia, la cual en el periodo 2008-2009 fue ejercida por Uruguay, y pasará a ser Paraguay quien presida el organismo en el periodo 2009-2010.

El CAS se ha reunido en otras oportunidades durante la realización de la JIA, son estos los casos de las III y IV reuniones extraordinarias realizadas en Panamá en 2003 y Guayaquil en 2005, respectivamente. En la reunión de la JIA, en 2007 en la ciudad de Antigua Guatemala, se realizó la II reunión extraordinaria de los directores de la Red de Coordinación de Políticas Agropecuarias (REDPA) del CAS.

 

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) realizará el lunes 2 de noviembre una Audiencia Especial en la que analizará los impactos de los megaproyectos de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) sobre los pueblos indígenas.

Esta medida fue adoptada debido a la solicitud hecha por la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI) e Indian Law Resource Center.

Una delegación integrada por representantes de Perú, Bolivia y Brasil, viajará a Washington DC (Estados Unidos), para presentar en la Audiencia de la CIDH los informes técnicos y jurídicos que sustentan la vulneración de los derechos de los pueblos indígenas amparados por el Convenio 169 de la OIT.

IIRSA nació en agosto del año 2000, por acuerdo de la Reunión de Presidentes de los Países Suramericanos con el objetivo de conectar la infraestructura suramericana para facilitar la extracción de los bienes naturales.

Comprende alrededor de 500 megaproyectos cuya ejecución impacta territorios indígenas y provoca severos daños al medio ambiente y la biodiversidad.

Además, implica la multiplicación geométrica de la deuda externa de los países de la región. Es financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA) y el Banco Nacional de Desarrollo del Brasil (BNDES).

La propuesta de la CAOI y demás organizaciones es la "reestructuración estratégica de la IIRSA sobre la base de la consulta y el consentimiento previo, libre e informado a los pueblos indígenas sobre cada uno de los megaproyectos de esta iniciativa".

En tanto se realice dicha consulta, la ejecución de los megaproyectos debe ser suspendida.

Además, la conducción de esta iniciativa no debe estar en manos de las instituciones financieras, sino de la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR), de acuerdo con sus postulados declarados de respeto al medio ambiente y a la pluriculturalidad de sus países integrantes.

 Construyendo capacidad para mejorar la seguridad alimentaria y la vida rural en las Américas

Los Jefes de Delegación de 33 países miembros del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que participan en la Quinta Reunión Ministerial en el marco de la Semana de la Agricultura y la Vida Rural de las Américas, firmaron este 29 de octubre en la ciudad de Montego Bay, el Acuerdo Ministerial Hemisférico Jamaica 2009.

El acuerdo busca construir capacidades para mejorar la seguridad alimentaria y la vida rural en el hemisferio.

Quinta Reunión Ministerial "Agricultura y Vida Rural en las Américas" en el contexto del Proceso Cumbres de las Américas Montego Bay, Jamaica 26-29 de octubre de 2009

PLAN AGRO 2003-2015 Acuerdo Ministerial Hemisférico Jamaica 2009 para la Agricultura y Vida Rural en las Américas

Nosotros, los Ministros y Secretarios de Agricultura o Jefes de Delegación, reunidos como la Quinta Reunión Ministerial "Agricultura y Vida Rural en las Américas", en la ciudad de Montego Bay, Jamaica y en el marco del proceso Cumbres de las Américas, en seguimiento del Acuerdo Ministerial Guatemala 2007 y de los mandatos relacionados con agricultura, seguridad alimentaria y vida rural de la Quinta Cumbre de las Américas (Puerto España, Trinidad y Tobago 2009), reafirmamos mediante el presente acuerdo nuestro compromiso con la implementación y la actualización del Plan AGRO 2003- 2015 para la Agricultura y la Vida Rural en las Américas.

Por ello, vistos los informes nacionales de avances y desafíos identificados en la implementación del Plan AGRO durante el proceso ministerial 2008-2009 y con base en el consenso alcanzado por los Delegados Ministeriales en la Reunión del GRICA 2009 (Grupo de Implementación y Coordinación de los Acuerdos sobre Agricultura y Vida Rural), adoptamos las acciones estratégicas de la Agenda Hemisférica para el bienio 2010-2011 y las medidas para la implementación y el seguimiento del Plan AGRO.

www.sudamericarural.org/files/acuerdo_ministerial_jamaica_2009.pdf

Os números do Censo Agropecuário do IBGE mostram que está em curso uma  mudança no campo brasileiro e que não estamos condenados a um único modelo  de produção.

O Censo Agropecuário 2006, realizado pelo Instituto Brasileiro de  Geografia e Estatística (IBGE), jogou luz sobre o campo brasileiro  mostrando qual é o setor mais produtivo, que gera mais empregos e que  coloca alimentos mais saudáveis na mesa da população brasileira. Esse  setor é o da agricultura familiar.

Apesar de ocupar apenas um quarto da área cultivada, a agricultura  familiar responde por 38% do valor da produção (ou R$ 54,4 bilhões).

Mesmo cultivando uma área menor, a agricultura familiar é responsável por  garantir a segurança alimentar do País, gerando os principais produtos da  cesta básica consumida pelos brasileiros. A agricultura familiar emprega  quase 75% da mão de obra no campo e é responsável pela segurança alimentar  dos brasileiros, produzindo 70% do feijão, 87% da mandioca, 58% do leite e 46% do milho, entre produtos consumidos pela população. O Censo mostra  ainda que existem 4.367.902 estabelecimentos de agricultura familiar no  Brasil, que representam 84,4% do total, (5.175.489), mas ocupam apenas  24,3% (80,25 milhões de hectares) da área dos estabelecimentos  agropecuários brasileiros.

No período entre 1985 e 1995, o número de estabelecimentos até 10 hectares  caiu significativamente e a área cultivada por eles também. Já de 1995 a  2006, a área da agricultura familiar continuou praticamente a mesma, mas o  número de estabelecimentos aumentou, o que indica que esse processo não se  deu à custa da migração do campo para a cidade, como ocorria no passado.

Esses números mostram que está em curso uma mudança no campo brasileiro e  que não estamos condenados a um único modelo de produção. Desde os anos  70, as políticas públicas voltadas para a agricultura obedeceram a uma  concepção específica de modernização tecnológica. Através dela,  procurou-se aumentar a produtividade da força do trabalho empregada no  cultivo e na criação de animais mediante o uso de tecnologias que  substituíram trabalho humano pelo emprego intensivo de máquinas e insumos  químicos. De modo geral, essa concepção favoreceu o monocultivo em grandes extensões de terra, em sua maioria em poder de estabelecimentos de grande  porte.

A combinação de uma estrutura agrária concentrada, políticas agrícolas e  padrão tecnológico excludentes produziu o empobrecimento de milhares de  famílias de pequenos e médios agricultores, processo que, em muitos casos,  resultou na perda de suas propriedades, perda de biodiversidade e  contaminação de rios, alimentos e pessoas pelo uso intensivo de  agrotóxicos. O movimento dominante neste período foi a progresiva  expulsão de homens e mulheres do campo, que foram engrossar os bolsões de  pobreza nas periferias urbanas.

Nos últimos anos, no entanto, um conjunto de políticas públicas voltadas ao fortalecimento da Reforma Agrária e da Agricultura Familiar começou a  alterar significativamente esse cenário de empobrecimento do meio rural. O  Censo Agropecuário mostra que está em curso uma nova dinâmica social e  produtiva no campo brasileiro. Uma dinâmica onde pequenos e médios  produtores viraram sinônimo de qualidade de vida.

É importante destacar que esses resultados são fruto de uma longa jornada  de lutas sociais e de reconhecimento pelo Estado brasileiro da importancia  econômica e social e da legitimidade das demandas da agricultura familiar,  um conjunto plural formado pela pequena e média propriedade, assentamentos  de reforma agrária e as comunidades rurais tradicionais - extrativistas,  pescadores, ribeirinhos, quilombolas. Essa jornada foi impulsionada por  lutas sociais que integraram a agenda da redemocratização brasileira e que aos poucos foram inscrevendo no marco institucional as novas políticas  públicas de desenvolvimento rural.

Há uma agenda pós-crise colocada neste início do século XXI. Estamos  assistindo a uma confluência de crises econômica, energética e ambiental e  o fracasso de um modelo baseado nas teorias do Estado mínimo e da desregulamentação desenfreada. Esse cenário coloca a questão ambiental e a  segurança alimentar dos povos na ordem do dia. A vitalidade da agricultura  familiar brasileira mostra que outro modelo de desenvolvimento rural é  possível. Mais do que isso, é necessário. A realidade apontada pelo Censo  refuta aqueles que insistem em dizer que o único traço de modernidade no  setor rural é aquele expresso pelas grandes plantações mecanizadas  voltadas para a exportação. Ela mostra uma alternativa concreta que  combina crescimento econômico, luta contra a fome, a pobreza e a desigualdade social, produção de alimentos saudáveis, geração de  conhecimento, proteção ao meio ambiente e a incorporação de milhões de  brasileiros e brasileiras ao universo dos direitos, que é o universo da  cidadania.

  * Guilherme Cassel é engenheiro civil e ministro de Estado do  Desenvolvimento Agrário.

 

Por Eduardo Gudynas, Asier Hernando y Oscar Bazoberry*

Esta reunión se inicia en momentos de turbulencia. Hasta hace poco más de un año atrás, se registraban picos inéditos en el valor de los productos agropecuarios de exportación, los que generaron un fuerte impulso económico en muchos países, pero, simultáneamente, los precios de los alimentos se encarecían. En los meses siguientes la situación cambió radicalmente: la crisis económica impactó sobre esos sectores, los precios de los commodities agrícolas se desplomaron y esas exportaciones cayeron. Hoy existe incertidumbre sobre si se aceleraron los ciclos que afectan los precios de los agroalimentos, o si se trató de una situación excepcional en los mercados mundiales.

En esos vaivenes, los pequeños agricultores, como pueden ser los campesinos en los países andinos, o los productores familiares del Cono Sur, enfrentaron coyunturas exigentes mientras recibían poca o ninguna atención. El estilo de desarrollo agrícola volcado a la exportación y la agroindustria, empresarial y de gran escala, hace que en muchos sitios esos pequeños agricultores sean desplazados, su rentabilidad se estrecha, y en otros lugares quedan relegados a nichos de mercado a nivel local o regional, o sobrevivan bajo el autoconsumo.

“Se suele olvidar que ese amplio conjunto de actores rurales incluidos bajo el rótulo de pequeños agricultores, incluyen cientos de miles de familias, juegan papeles claves en la seguridad alimentaria en la mayoría de los países americanos, han mantenido y desarrollado muy diversas tecnologías agropecuarias adaptadas a sus ambientes locales, y guardan el acervo de ricas tradiciones culturales”

A lo largo de los últimos años, el apoyo estatal a la producción agropecuaria se ha reducido en casi todos los países, y allí donde persiste se enfoca en la producción empresarial volcada a la exportación. Se genera así una situación perversa, donde los pequeños agricultores en unos casos son vistos como grupos tecnológicamente y socialmente atrasados, que el Estado debería “modernizar”, y en otros casos, se los acepta con resignación como una carga social que se deberá amparar.

Se suele olvidar que ese amplio conjunto de actores rurales incluidos bajo el rótulo de pequeños agricultores, incluyen cientos de miles de familias, juegan papeles claves en la seguridad alimentaria en la mayoría de los países americanos, han mantenido y desarrollado muy diversas tecnologías agropecuarias adaptadas a sus ambientes locales, y guardan el acervo de ricas tradiciones culturales.

Se debe reconocer y aprovechar las capacidades de esos pequeños agricultores, por ejemplo, en sus prácticas de producción de bajos insumos, menor uso de maquinaria y derivados del petróleo, y adaptaciones más adecuadas a los ecosistemas locales. En otras palabras, en el camino hacia un desarrollo futuro, que debe enfrentar el cambio climático y las restricciones ecológicas, esos pequeños agricultores antes que “atrasados”, ofrecen prácticas de gran valor que en más de un caso se tendrán que aprovechar.

Por lo tanto, la pequeña agricultura no puede estar ausente de las discusiones ministeriales que se iniciarán en Jamaica. Los acuerdos gubernamentales actuales, expresados en el “Plan Agro 2003-2015”, rubricado en encuentros ministeriales en Panamá y Guayaquil (2005), necesitan una revisión sustancial. Expresan otras prioridades, tales como otorgar un fuerte papel a una agricultura recostada en empresas rurales competitivas, y que correspondían a un contexto político que ha cambiado sustancialmente en muchos países del hemisferio. Por si fuera poco, atendían al optimismo económico pre-crisis típico de aquellos años.

Además, los gobiernos llegan a la cumbre de Jamaica no sólo con el objetivo de revitalizar la agricultura, sino también la “vida rural”, un concepto más amplio que el que puede ofrecer un mero abordaje agronómico o comercial. Bajo ese propósito, el papel de los pequeños agricultores debe recibir una atención privilegiada en las deliberaciones de los ministros y en el plan de acción que acuerden.

Un primer aspecto a señalar es la necesaria recuperación del apoyo estatal. Esto implica, en el caso de los países que, como Brasil, mantienen programas de subsidios y apoyos crediticios que están esencialmente enfocados en la agricultura empresarial o la agroindustria, otorgar los mismos volúmenes de asistencia a la agricultura familiar. En los países donde el apoyo estatal se ha derrumbado, es urgente comenzar a recuperar las inversiones y asistencias orientadas a esos sectores. Mientras que 1980, el 7% del gasto total de los gobiernos en América Latina se destinaba a la agricultura, en la actualidad apenas alcanza al 3%.

Otro aspecto clave reside en apoyar y fortalecer a las comunidades locales dedicadas a la pequeña agricultura. Esto incluye componentes tales como asegurarles protección jurídica, apoyarlos desde el punto de vista tecnológico y comercial, implementar procedimientos efectivos de acceso a la información y su participación en la definición de políticas.

Esos y otros aspectos indican que es necesario un cambio profundo en el desarrollo rural. Tiene razón Chelston Brathwaite, director del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), cuando afirma que la seguridad alimentaria requiere de un “nuevo modelo de desarrollo”. Ese nuevo modelo no es posible sin la participación de los pequeños agricultores.

Los ministros de agricultura deberán incorporar esa cuestión, y deberán hacerlo acompasándolo con las cuestiones de la “vida rural”. Las actuales discusiones sobre el “buen vivir” que están en marcha en varios países sudamericanos permiten dotar de una nueva dimensión a estas discusiones, y vincularla más directamente a la problemática del desarrollo. La agricultura no puede ser vista como una mera proveedora de mercaderías de exportación, sino que desempeña roles mucho más amplios y complejos dentro de cada uno de los países.

La atención a la “vida rural” también permite explicitar el papel de las mujeres en el medio rural. Ellas desempeñan papeles claves en la pequeña agricultura y la mayoría de las veces son las que soportan el peso de la crisis, por lo requieren una atención especial.

Por estos y otros caminos, el encuentro ministerial de las Américas debe volver a poner a los pequeños agricultores en el centro de un nuevo estilo de desarrollo rural, que no puede ser meramente empresarial o comercial, ya que deberá nutrirse de muchas otras dimensiones.

* Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), Uruguay; Asier Hernando es responsable de agricultura y recursos naturales de Oxfam en América del Sur; y Oscar Bazoberry Chali es Coordinador del Instituto para el Desarrollo Rural en Sudamérica (IPDRS), Bolivia.

 

www.servindi.org/actualidad/opinion/18343