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Qué pasa

Un muro de metal, de color verde, interrumpe la hilera de mangle que surca la Vía Perimetral, de Guayaquil. El cerco contrasta con la naturaleza que predomina en el sector, cercano al estero Salado.

Atrás -donde ayer no se encontraba trabajando nadie- se oculta una zona de tierra que ha sido despejada y en la que se ha formado una laguna. Un letrero indica que allí se ejecuta el Proyecto de Tratamiento de Aguas Residuales Mediante la Tecnología de Pantanos Secos Artificiales del Sistema Javier Salitral-Puerto Azul.

Los autores de los trabajos -reza en la pancarta- son la Alcaldía de Guayaquil y la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Emapag). El Cabildo porteño, en su página electrónica, señala que comenzó los trabajos, a la altura de El Salitral-Tres Bocas, en febrero de 2015. Y el plazo para concluirlos es agosto de 2016.

En uno de los lugares más ricos y aislados del Perú, cuna del proyecto Camisea, se produce una de las transformaciones más feroces de nuestro tiempo: el boom gasífero que trajo prosperidad a una parte del país ha sido una maldición para la mujer indígena machiguenga. Ahora tiene más posibilidades que antes de ser contagiada de VIH, de ser agredida cada vez que su marido se embriaga en las decenas de cantinas que han aparecido, ha perdido el liderazgo del hogar que le daba el cultivo de su chacra y depende del sueldo del esposo que trabaja en el lote de gas. Se alimenta mal y en estas condiciones debe sobreponerse a la desnutrición para luchar contra la anemia de sus propios hijos. En los últimos 12 años la explotación de gas ha generado más de US$ 7.700 millones en regalías para el país, pero nunca como ahora las mujeres machiguengas han sido más pobres.

Un detalle fue el primer signo de estos nuevos tiempos: las machiguengas dejaron de cosechar el tubérculo más tradicional de su dieta familiar, la yuca. ¿Para qué iban a sembrarla si podían comprarla o reemplazarla por arroz en las tiendas que aparecieron luego de la instalación del proyecto Camisea?

La decisión del gobierno nacional de reactivar la explotación del Arco Minero en el país, traerá lamentables consecuencias ambientales, una relacionada a una situación actual que ya sabemos que es grave como la falta de agua, ya que es sabido que este tipo de actividad terminan afectando todas las fuentes de agua dulce, como son las cabeceras y cauces de ríos, lagunas, cascadas, manantiales, etc. ; primero por el uso indiscriminado de este recursos y luego porque terminan siendo contaminadas.

Expertos aseguran que la minería sobre las fuentes de agua lo único que hacen es perjudicar a la humanidad, ya que debido a esto poco a poco va contaminando el agua lo cual es muy peligroso pues mucha gente podría tomar de esta agua y ocasionarse un gran daño y además va ocasionando mas contaminación al ambiente. Han insistido: “No puede ser que se prime el uso del agua para la gran minería por sobre el consumo humano”.

La comunidad Mawidanche de Alto Antiquina en la Provincia de Arauco, denuncia en un comunicado público, la represión sufrida en diciembre de 2015, donde efectivos del ERTA de la PDI atacaron doce viviendas de la comunidad, encarcelando a 5 comuneros y una comunera. Además denuncian irregularidades en la investigación llevada a cabo por la fiscalía, con la utilización de “cooperadores ocasionales” para mantener a los comuneros en prisión preventiva en las cárceles de Lebu y Arauco. Luego de tres meses, la Corte de Apelaciones de Concepción declaró que “la privación de libertad de los imputados lo ha sido con infracción a la constitución material y normas legales que regulan el proceso penal” acogiendo en forma unánime el recurso de amparo presentado la defensa de los comuneros, consiguiendo ayer viernes (11.03.16), la libertad de Lorenza, Carlos, Luis, Juan, Segundo y Eduardo Cayuhan, quedando solamente en prisión preventiva el comunero Milton Ortiz Llebul. A continuación, reproducimos el comunicado público de la comunidad Mawidanche de Alto Antiquina.

Concesiones a privados que arrojan desechos contaminantes producto de la agroindustria y tala de árboles indiscriminada en su cuenca, son los factores determinantes en la progresiva disminución en el nivel del río más importante del departamento del Cesar, el Guatapurí. La ola de calor de los últimos días puso en evidencia la situación. 

“Bajando desde lo alto de la sierra, majestuoso  nos baña el Guatapurí”, versa la letra de la canción del compositor Nicolás Maestre Martínez, ’El rey del Valle’. Hoy solo queda el nombre del río porque su caudal desapareció casi en por completo. 

“Recuerdo que al meter mis pies en el río sentía tocar la sierra”, comentó Cesia Morales, estudiante de Sociología de la Universidad Popular del Cesar. “Uno llegaba al río y experimentaba una sensación de frescura, hoy hay que buscar refugio del sol en otras zonas”. 

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