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Colombia

Por lo menos 2 mil pobladores de Tolima, Meta, Boyacá y Cundinamarca, que desde hace más de diez años realizan mercados campesinos en distintos parques de las localidades de Bogotá, exigen a la actual administración de la capital, y en particular a la Secretaria de Desarrollo Económico, que renueve los convenios que permiten su ejecución; teniendo en cuenta los beneficios que han representado tanto para los productores como para los capitalinos, afirma Julián Corredor, integrante de Comité de Interlocución Campesino.

De acuerdo con Corredor, estos mercados han beneficiado a los productores campesinos porque al no existir intermediarios, ellos apropian el 30% del valor de cada alimento vendido, mientras que los capitalinos pueden comprar productos orgánicos, de calidad y a precios justos. En suma, una práctica que además de estar amparada por el Acuerdo 455 de 2010 y el Decreto 315, abastece el 65% de la canasta de alimentación básica bogotana y permite fortalecer la política de seguridad alimentaria de la ciudad.

Multas de hasta cinco mil salarios mínimos legales vigentes anunció laSecretaría de Ambiente de Bogotá contra aquellos particulares, organizaciones o empresas que contaminen los humedales de la ciudad.

Lo anterior, luego de que la autoridad ambiental constatara que los establecimientos Centro Comercial Bima, Multiparque, La Margarita del Ocho y la Escuela Colombiana de Ingeniería, descargaban aguas residuales a los humedales Torca y Guaymaral.

De acuerdo con el Distrito, los vertimientos que están llegando al humedal generan gran afectación ambiental, ya que sus aguas se encuentran contaminadas y los ecosistemas degradados. Se estima que los vertimientos eran generados por baños, cocinas, áreas comerciales y de servicios.

A pesar de no contar con la aprobación de las comunidades wayuu directamente afectadas, en Riohacha (La Guajira) se construye un relleno sanitario que afectará a 41 comunidades de esta etnia.

Hace dos meses, cuenta Graciela Cotes, autoridad tradicional de la comunidad wayuu Okushinama, varias volquetas llegaron al kilómetro 11 en la vía de Riohacha a Valledupar y comenzaron a cavar un hoyo que, dice la lideresa, tiene unos ocho metros de profundidad. Así fue como ella y otras autoridades wayuus se dieron cuenta de que, a pesar de no haber aceptado en consulta previa la construcción del relleno sanitario regional de Riohacha, la administración municipal igual lo realizaría.

“A nosotros nadie nos dijo nada antes de iniciar. No sabemos nada, nadie nos ha explicado. Nos dimos cuenta de que el proyecto iniciaba cuando entraron las volquetas, que no nos dejan dormir en la noche”, le dijo Graciela Cotes a El Espectador.

Representantes de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó en Colombia manifestaron a través de un comunicado su preocupación por los nuevos hechos de violencia que afectan la zona. 
Líderes sociales de la zona rural de San José de Apartadó (Antioquia), en Colombia, denuncian que han ocurrido diversos hechos de violencia en las últimas semanas, por parte de grupos paramilitares que aterran a la población. 

>> Conozca las razones de Santos para no firmar la paz de Colombia

Cronología de los hechos 

20 de marzo de 2016

Un grupo de paramilitares (50 hombres camuflados), con armas largas, se presentaron como Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y llegaron a la vereda La Hoz del corregimiento de San José, donde manifestaron que harán presencia constante por la zona y que nadie les va a sacar de allí. 

Ese mismo día, pero en la noche, un grupo de paramilitar ingresó en la vivienda del campesino Eliseo Tuberquia, padre de 7 hijos menores, a quien intimidaron con sus armas y luego acamparon allí hasta el día siguiente, lo que generó terror a la población civil campesina. 

21 de marzo de 2016

El mismo grupo paramilitar (AGC) amenazó de muerte al campesino Cristobal Mesa y dejó un mensaje en su vivienda “lo vamos a matar“. 

El campesino Weimar Castrillon también fue intimidado.

En horas del mediodía se presentó un enfrentamiento presuntamente entre paramilitares y miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP). En el hecho hubo un muerto y otro resultó herido, ambos paramilitares. Luego se comprobó la pérdida de víveres y de dinero de las familias de la zona.

23 de marzo de 2016

Paramilitares (AGS) se presentaron en la escuela de la vereda La Hoz, en forma airada amenazaron a varios civiles señalándolos como colaboradores de la insurgencia. Más tarde, se presentaron nuevos enfrentamientos, al parecer entre este grupo paramilitar y las FARC-EP.

Paramilitares (AGS) se acercaron a varias viviendas de las familias del sector, a quienes torturaron porque, según ellos, tenían nexos con las FARC-EP, lo que ha generado desplazamientos de varias familias de la vereda y coloca en riesgo a otras que viven en la región.

26 de marzo de 2016 

En la vereda Playa Larga del Corregimiento de San José de Apartadó, en horas de la mañana, se presentó un fuerte combate al parecer entre paramilitares y las FARC-EP.

 Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección: 
 http://www.telesurtv.net/news/Colombianos-denuncian-constantes-enfrentamientos-en-zona-rural-20160329-0060.html. Si piensa hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y coloque un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. www.teleSURtv.net

Representantes de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó en Colombia manifestaron a través de un comunicado su preocupación por los nuevos hechos de violencia que afectan la zona. 

Líderes sociales de la zona rural de San José de Apartadó (Antioquia), en Colombia, denuncian que han ocurrido diversos hechos de violencia en las últimas semanas, por parte de grupos paramilitares que aterran a la población. 

Cronología de los hechos 

20 de marzo de 2016: Un grupo de paramilitares (50 hombres camuflados), con armas largas, se presentaron como Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y llegaron a la vereda La Hoz del corregimiento de San José, donde manifestaron que harán presencia constante por la zona y que nadie les va a sacar de allí. 

Salvatore Maldonado conduce la balsa con la fuerza y la sutileza de sus brazos viejos. La proa de la pequeña embarcación —que dice haber recibido de un viejo amigo, el oceanógrafo Jacques Cousteau— abre el camino entre la vegetación y las algas que cubren la superficie de la laguna La Herrera, en Mosquera (Cundinamarca). Al sentir la presencia de los foráneos, alzan el vuelo bandadas de garzas que empollan sus huevos entre los matorrales y de patos canadienses que hacen escala en la laguna, antes de volver al norte del continente.

La escena apacible del viaje por aguas tranquilas, bajo el sobrevuelo de cientos de aves, se distorsiona con el sonido de fondo, ajeno a la bella postal natural. Desde los cerros que envuelven la última gran laguna de la sabana de Bogotá llega el crujir de la tierra revuelta por retroexcavadoras y los estruendos de las volquetas que nunca dejan de pasar por una carretera polvorienta que separa la laguna de las canteras y fábricas de asfalto.

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