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Qué pasa

La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana reconoce y saluda la labor de la mujer indígena a través de su historia, ya que ella ha venido luchando por la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas y lo sigue haciendo hasta el día de hoy, a pesar de la desigualdad de oportunidades. Por ello hoy 8 de marzo, aún no podemos celebrar el Día Internacional de la Mujer en toda su magnitud ya que las mujeres indígenas vienen siendo relegadas.

Problemas como el limitado acceso a la salud y a la educación para las mujeres indígenas aún es una realidad que debemos superar. Además de la discriminación y violencia sexual que se enfrentan constantemente por leyes débiles.

“El río es sólo una de las manifestaciones del agua. Proteger el agua aquí, defender el agua aquí, es defender totalmente el ecosistema de todo el territorio y en esa medida del mundo, aquí estamos en un lugar especialmente privilegiado y tal vez el lugar desde el que habría que articular en este mundo y para este mundo el discurso del agua, por eso me parece tan importante todo esto, porque no puede ser percibido simplemente como la lucha local de unos ribereños o como la lucha local de unos nacionales por defenderse de unas fuerzas que avasallan un territorio y que quieren apoderarse de él, sino que es la lucha de la humanidad por salvar la esencia de su futuro es la lucha por salvar este planeta de un colapso anunciado y casi inminente”. William Ospina

Recientemente el Gobierno de Santos concesionó el Plan Maestro de aprovechamiento del río Magdalena a la estatal Hydrochina con la excusa de buscar su recuperación pero con el claro propósito de privatizar el río para megaproyectos de generación de energía y transporte de carga como “uno de los pilares estratégicos para la competitividad de la Nación, debido a los bajos costos y el desarrollo de infraestructura para el estímulo a la inversión privada”.

Se carecía aquí de culturas agrícolas, mientras en Europa y Estados Unidos ya se utilizaban equipos para el manejo de subsuelos, abonos orgánicos, rotación de cosechas, drenajes, riego y selección de razas.

Desde 1950, con la Revolución Verde, Colombia se tornó en gran demandante de insumos químicos a partir de los fertilizantes, teniendo en cuenta que el 80% de nuestros suelos son ácidos. En 1984, 30 años después, el consumo de fertilizantes pasó de 20.000 toneladas al año a 754.000, 37 veces más, y de ahí a 2010 se ha duplicado hasta llegar a un millón y medio. Para 1974 Colombia ya era el primer consumidor de agroquímicos de América Latina.

Con los años no ha cambiado. Un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, de 2012, afirma que Colombia aplica 521 kilos por hectárea, mientras que en América Latina el promedio de aplicaciones de fertilizantes es de 148; en Asia, 85; en el norte de África, 157, y en el África subsahariana, 10.

Al exponer ante la CIDH la preocupación de la Iglesia sobre los efectos negativos que tienen las industrias extractivas sobre las poblaciones "no solo se se pretende aprovechar el espacio para posicionar la visión de la Iglesia, sino garantizar un proceso de seguimiento a los casos paradigmáticos", expresó el Secretario Ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica, REPAM, Mauricio López. Así lo dijo al explicar que en la audiencia pública de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, que se cumplirá el próximo jueves 19 de marzo, los representantes de la Comisión de Justicia y Solidarida del CELAM y la Red Eclesial Pan Amazónica presentarán la visión tanto pastoral, social y de cómo la Iglesia viene acompañando los procesos de resistencia y de lucha por los derechos humanos.

En una entrevista para el programa Contacto Sur de ALER, Mauricio López adelantó que durante la audiencia se expondrá la preocupación de la Iglesia ante casos emblemáticos en los que se vulneran los derechos humanos de poblaciones indígenas y campesinas, afectadas por las industrias extractivas. Entre los casos especiales se denunciará el de Piquiá de Baxio, en Brasil; San José, el Progreso y Magdalena, en Oaxaca, México; el del Parque Nacional Yasuní, en Ecuador; el de la comunidad Nueva Esperanza, de Honduras y el caso de la explotación petrolera en el campo 116 en la amazonía de Perú.

Así es, desde el punto de vista de los nativos, la batalla por la recuperación de las tierras que se libra con dureza en este departamento. Reportaje del periodista Ramón Campos Iriarte.

Desde Cali, en un carro, nos encaminamos hacia Corinto, uno de los 42 municipios del departamento de Cauca. El viaje dura dos horas, con hermosos paisajes, por una carretera pavimentada. El objetivo es llegar a las fincas Quebrada Seca, Miraflores, García Arriba y García Abajo, en el municipio de Corinto, Cauca, todas ocupadas por indígenas, mayoritariamente nasa, desde diciembre pasado. A la salida del pueblo de Corinto, vemos unos 50 ESMAD desabrochados, tomando gaseosa bajo el sol inclemente del suroccidente colombiano. Desde ese punto hacia las fincas se entra por un camino destapado con vestigios de disturbios: piedras y palos atravesados, ramas quemadas. Los portones de las fincas, rocas enormes y troncos de árboles sobre la carretera están pintados de rojo y verde, los colores del Consejo Regional Indígena del Cauca, la organización que heredó las luchas de Juan Tama, La Gaitana, y Quintín Lame. Esto es territorio indígena.

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