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El pasado 28 de noviembre se congregó en Filadelfia un conjunto de entidades que plantea la expansión del cultivo de la soja en el Chaco.

Lo más patético del planteo es que el evento fue patrocinado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, bajo la coartada de promoción del desarrollo “sustentable”,en el marco del desarrollo de su iniciativa de “mercancías verdes” (Green Commodities). Lo que no ha ponderado la agencia de NN.UU. o, en realidad, ni le ha de interesar, es que van de la mano con los sectores responsables de la debacle ambiental, económica y social del país, a saber, la Unión de Gremios de la Producción, gremio que nuclea a los sojeros, ganaderos, vendedores de agrotóxicos, multinacionales acopiadoras, entre otros; el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible, liderado por un Neo-terrateniente quien heredara las tierras usurpadas por su padre, el Gral. Oviedo, ajusticiado en el 2013; y los menonitas, quienes son responsables por la limpieza étnica en la región, campaña que continúa aún hasta hoy, y quienes instauraron un sistema de apartheid y trabajo esclavo que sustenta la prosperidad que alcanzaron a través de los años de presencia colonial en el Chaco.

Este herbicida no solo se utiliza para erradicar cultivos ilícitos. Los campesinos colombianos llevan años usando este compuesto junto con otros productos con el fin de combatir las plagas. El glifosato se ha convertido en uno de los químicos que necesitan los agricultores para ser competitivos.

Arley revisa una mata de papa. Se está ‘agusanando’.—Va a tocar pasar una rociada esta semana —dice. La rociada es mixta. Como muchos otros agricultores, cada vez que tiene la necesidad de combatir las plagas, mezcla herbicidas e insecticidas para erradicar a los bichos y la maleza que pueda afectar el cultivo.

—Si no usamos los químicos, ¿dígame qué hago yo con esta cosecha? Así no me la reciben.

El pasado 27 de noviembre, la ONG Justicia en los Raíles, (Justiça nos Trilhos por su nombre en portugués), recibía el recién creado Premio Derechos Humanos y Empresas, dotado con 50.000 dólares. El reconocimiento es fruto de un trabajo junto a los pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes de los estados brasileños de Pará y Maranhão, para denuciar los abusos contra los derechos humanos y ambientales cometidos por empresas mineras y siderúrgicas, especialmente la multinacional Vale.

El premio fue concedido por la Human Rights and Business Award Foundation, siendo recogido por Danilo Chammas, abogado de Justicia en los Railes, en Ginebra, en el Foro de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos.

Según Danilo Chammas, es un reconocimiento a las comunidades organizadas frente a los daños ambientales y las violaciones de los derechos provocados por la multinacional Vale. En esta entrevista se muestra preocupado, pues con el Presidente electo en Brasil, Jair Bolsonaro, se vislumbra "el aumento de las iniciativas de flexibilización de la legislación de protección al medio ambiente y la propiedad colectiva de las tierras de las poblaciones tradicionales", y aún más, que va a "poner fin a todo tipo de activismo".

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo a través del Instituto de Investigaciones Filosóficas “Luis Villoro” (IIF) y el Centro Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, invita a la comunidad universitaria y público en general a la presentación del libro “Mujeres Indígenas en defensa de la Tierra”, que se llevará a cabo esta semana en las instalaciones del instituto.

A través de este libro, la autora Aimé Tapia González combina el análisis teórico con los testimonios de mujeres indígenas y campesinas, que participan actualmente en los movimientos de resistencia de los pueblos de Abya Yala (nombre del territorio americano antes de la colonización europea).

Paraguay importa en promedio 7,4 kilos de agrotóxicos por habitante

El 3 diciembre ha sido designado como el Día Internacional por el No Uso de Agrotóxicos en recuerdo a las 3.500 personas que fallecieron en 1984 en una catástrofe ocurrida en Bhopal, y a las más de 25.000 que aún sufren sus secuelas. La tragedia se originó en el escape de 27 mil toneladas de gas de la fábrica de agrotóxicos que la empresa Union Carbide tenía en esa ciudad de India.