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Paraguay

Paraguay vive hoy una de las peores tragedias de su historia reciente con las inundaciones provocadas en todo el país por el desborde de sus grandes ríos, pero también el de arroyos y afluentes.

Anualmente por estos meses se registran crecidas, especialmente en los ríos Paraguay y Paraná, las dos grandes arterias fluviales de un país sin costas para dar salida directamente a su producción o recibir las importaciones.

En el centro de Suramérica, la nación guaraní debe exportar mediante esos dos ríos su importante producción de soja, maíz, algodón y otras mercancías del sector agrícola, prácticamente toda en manos de empresas privadas locales y de las transnacionales que las controlan.

El desbordamiento del Río Paraguay causa estragos en la capital y otros puntos del país. Funcionarios señalan que Paraguay está a punto de un "desastre ambiental". Hay entre 250.000 y 300.000 damnificados.

La ciudad de Asunción, capital de Paraguay, está a punto de un "desastre ambiental" como consecuencia del desbordamiento del Río Paraguay, informó la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN).

Las aguas dispersaron toneladas de basura en Cateura, uno de los principales resumideros de la ciudad, y se encuentran a solo tres metros de la piscina donde se tratan los residuos con disolventes.

La Cámara de Diputados aprobó una declaración de emergencia ambiental y el tema pasó al Senado para que el congreso autorice la utilización de fondos especiales para atender la emergencia.

La apertura de Paraguay a los ‘agronegocios’ expulsa a indígenas y campesinos de sus tierras, comunidades al borde de la extinción, advierte Miguel Lovera, ex-presidente del Senave durante la gestión de Fernando Lugo. 

 Paraguay, uno de los países con la mayor desigualdad en la distribución de la tierra del mundo, ve desaparecer sus bosques autóctonos devorados por plantaciones de soja transgénica. La exponencial expansión de estos cultivos, que han convertido al país en sexto productor y cuarto exportador de soja del mundo, ha provocado una expulsión de comunidades indígenas y campesinas de sus tierras, al grado de que la agricultura tradicional, sello de identidad de la nación sudamericana, está al borde de la extinción. La tierra es la mayor fuente de riqueza del país, en manos de un puñado de latifundistas. Paradójicamente es en el campo donde se concentra la mayor pobreza.

El drama de las comunidades indígenas por la falta de tierra y la pobreza se hizo presente en el centro de la capital Asunción, cuando un grupo llegó para exigir asistencia al Estado. 

El drama de los indígenas paraguayos por la falta de tierra y la pobreza está presente en el centro de Asunción desde hace dos meses, cuando medio millar de nativos, entre ellos unos 200 niños, se instalaron en los alrededores de la antigua estación de tren para reclamar tierras y ayudas al Estado.

Los indígenas, en su mayoría del pueblo mbya guaraní, originarios de cuatro departamentos a cientos de kilómetros de la capital, ofrecen a sus compatriotas la versión urbana de las penurias que padecen en sus comunidades rurales.

Su campamento se extiende en una de las pocas explanadas peatonales del centro de la ciudad, por donde la gente pasa con absoluta indiferencia, se quejó Lucio Reinaldo Estigarribia, de 54 años, uno de los líderes.

La Cámara Paraguaya de Exportadores de granos (Capeco) firmó este martes un convenio con la empresa estadounidense Monsanto para desarrollar nuevas variedades de semillas transgénicas de soya, maíz y otras que se adapten a la árida región del Chaco paraguayo.

La intención de Capeco, que representa a las principales empresas del sector, es "vencer las malas condiciones" del Gran Chaco, región que ocupa la mitad occidental de Paraguay, además de parte de Argentina y Bolivia, para expandir la frontera agrícola en esta zona, según dijo a Efe el presidente de la Cámara, José Berea.

Desarrollar nuevas variedades de semillas transgénicas para esa región permitiría sumar 2 millones de hectáreas cultivables a los 3,2 millones de hectáreas ya plantadas de soja en Paraguay, dijo Berea.

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