Junto al capitán zonal de la TCO Macharetí, Ivar Murillo y la responsable de producción Paulina Cuéllar, la primera visita fue al centro ganadero Yembiguasu y las comunidades de Pananti, Timboy Tiguazu y Tatí. Durante esta visita el grupo dialogó con Samuel Tórrez Pérez, capitán de la comunidad Lapachal de la TCO Weenhayek, y compartió con mujeres y niños Weenhayek.
A nivel general, la experiencia implicó un acercamiento a la importante experiencia de la Asamblea del Pueblo Guaraní y el pueblo indígena Weenhayek, por la recuperación de su territorio, su capacidad de resistencia y negociación con ‘terceros’, y la perspectiva de su desarrollo a partir de la gestión territorial.
Los comunarios de la comunidad Pananti explicaron a los visitantes el proceso de lucha por acceso a la tierra. Varios comunarios se refirieron a la masacre de Pananti del 2001 como un momento crucial en el que, campesinos avasalladores y ganaderos, los acorralaron y cobraron la vida de al menos ocho personas.
Actualmente, los comunarios de Pananti explican que si bien sus tierras producen maíz, camote, yuca, maní y otros productos, para su alimentación, estos no son suficientes. Luego de su compleja historia de convivencia con campesinos migrantes quechuas, expresan el deseo de nunca más pelear, "estamos conscientes de que la lucha debe generar propuestas productivas y no mayores conflictos que los ya vividos".
Ahora la comunidad cuenta con una escuela, agua, viviendas, campos de producción y un centro de transformación de maní, que genera productos como mantequilla y mermelada. Puesto que enfrentan un importante problemática de apertura de mercado, el centro intenta incursionar enel desayuno escolar.
Muy ligada a esta historia, la comunidad guaraní Timboy Tiguazu, también recibió a los participantes de la ruta y los pobladores se mostraron dispuestos a contar la historia de su demanda y acceso a la tierra. Luego de la lucha por la tierra y confrontación con diferentes actores interesados en extraer los recursos naturales de su territorio, la comunidad logró su título ejecutorial el 2011, a partir de entonces, trabajan por implementar el cultivo de alimentos y han elaborado un plan comunal que los ayuda a articular sus necesidades a la planificación municipal.
Otro momento de la ruta fue la visita a la comunidad Lapachal de la TCO Weenhayek, donde los participantes conocieron la experiencia de ocupación del territorio y aprendizaje de la agricultura. Su adverso contexto, se remite no sólo al problema climático de la sequía o inundación, características del Chaco, sino también de los permanentes conflictos con los dueños de empresas madereras y ganaderos. Si bien tienen una vocación más pesquera, se ven afectados porque el río Pilcomayo está muy contaminado y la pesca ha bajado considerablemente. Pertenecientes a la Organización de Capitanías de Weenhayek (ORCAWETA), la perspectiva por la producción y el acceso a mayores proporciones de territorio, ha permitido que sigan reproduciendo sus comunidades y su cultura.
Al llegar al centro ganadero Yembiguazu, los participantes de la ruta tuvieron la oportunidad de degustar la leche y los quesos que genera la producción ganadera. Macharetí ha iniciado la consolidación de su territorio la importante experiencia de la capitanía tiene que ver con los avances de su plan de gestión territorial indígena, del que Yembiguazu forma parte
El centro corresponde a 15 comunidades guaranís de Machareti, la ocupación a nivel de vivienda está aún en perspectiva y ahora cuentan con encargados que garantizan el cuidado del ganado, el aprovechamiento y elaboración de productos como el queso.
Yembiguazu dentro del proceso de restitución territorial del pueblo guaraní y su esfuerzo por sacar a su gente de las haciendas patronales, es considerado como una semilla del desarrollo de las comunidades asentadas en la TCO.
Para cerrar la ruta, el grupo visitó a la comunidad Tatí de la capitanía Macharetí. Una población que trabaja asociadamente, con un proyecto de riego por goteo, con el que están cultivando maíz, y además, están experimentando con el banano, cítricos y café. La escuela de esta comunidad, recibió a la delegación con dos danzas, una tradicional y otra criolla. Este encuentro, además de mostrar las iniciativas económicas de los pueblos en el resguardo de su territorio, y compartir sus procesos históricos en la resistencia y defensa, ha sido un encuentro donde la interculturalidad ha sobrepasado el enunciado de su planteamiento. El silencio de las mujeres Weenhayek bolivianas, ha sido comprendido por sus parientes étnicas wichis argentinas, y el ánimo de propios y ajenos, ha sido el de un pueblo chaqueño añorante del río y combativo ante las múltiples adversidades.