Hoy en día se visibiliza una escuela rural con características totalmente externas a las necesidades locales, en tal sentido, si la educación no es pertinente, no podemos hablar propiamente de un desarrollo rural. De este modo, en las jornadas de reflexión, se manifestaba la necesidad de repensar algunas interrogantes ¿cuál es la educación rural? ¿por qué esta yace en el olvido en las agendas educativas del Estado y de los espacios académicos?. Se concluía que estos modelos educativos utilizados por los gobiernos no solo responden a estructuras sino a modelos de Estado.
La educación rural debe contar con herramientas muy claras que valoricen la cultura local y que tenga como objetivo primordial la formación y permanencia de jóvenes. La profesionalización de los jóvenes no está significando, necesariamente, la mejora de las condiciones de vida de las comunidades porque muchos jóvenes están inmigrando de su tierra de origen a lugares desconocidos para desempeñarse laboralmente. Otro punto importante se refirió a la valorización de la sabiduría de la agricultura local retomando el conocimiento de los viejos y adultos de la comunidad, forma de educación rural que muchas comunidades en Colombia están reclamando y reivindicando.
Asimismo, el tema de la descolonización ha sido parte de este debate pensando en que es a partir de la educación que descolonizamos y reforzamos el sentido comunitario y de solidaridad entre las personas y comunidades. ¿Qué tipo de educadores necesita el mundo rural? ha sido la premisa de reflexión de los participantes del evento. El desafío es contar con maestros y educadores con el perfil y el compromiso necesario para hacerle frente a los retos de las comunidades, principalmente, de los y las jóvenes rurales recordando que la escuela se construye en y desde la comunidad. La cultura local determina el tipo de educación que cada comunidad debería tener.