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Colombia

El acuerdo de paz firmado esta semana por el Estado de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), representa una verdadera lección de reconciliación en Latinoamérica. Un claro ejemplo, son las implicancias del propio documentos firmado el lunes 26 de setiembre en una ceremonia celebrada en Cartagena. 

Uno de los puntos claves del documento firmado por el Presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño (alias Timochenko), es sin duda alguna los objetivos trazados para la inserción social, principalmente para con la población rural y los pueblos originarios. 

Ante una plaza llena y vestida de blanco, acompañado por mandatarios de todo el continente y por el secretario de la Organización de Naciones Unidas Ban Ki-Moon, el Gobierno Nacional en cabeza de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, firmaron el documento que consigna lo discutido por cuatro años en La Habana, Cuba.

Un acto lleno de simbolismo

Juan Manuel Santos encabezó el inicio del acto con la apertura de una puerta hacia la paz. Detrás suyo Rodrigo Londoño, Timoshenko;  Ban Ki-Moon, el presidente de Cuba Raúl Castro, la presidenta de Chile Michel Bachelet, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro, el canciller de Noruega Jorge Brende, entre otros mandatarios latinoamericanos.

Las madres comunitarias se encuentran nuevamente en paro. Hace dos días, las trabajadoras organizadas en el sindicato Sintracihobi en todo el país, exigen al gobierno nacional el cumplimiento de un fallo dictado por la Corte Constitucional, que desde el 31 de agosto mandata el pago retroactivo del salario a las madres pero que aún no se ha cumplido.

Entre el 15 y el 16 de septiembre, alrededor de 250 madres comunitarias salieron a protestar al parque García Rovira, frente a la Gobernación de Santander, para reclamar al Gobierno que cumpla el fallo de la Corte Constitucional en el que se asegura que deben pagar a las madres comunitarias todos los salarios, prestaciones y pensiones que no han recibido desde 2013.

Después de 52 años de confrontación, el Gobierno Nacional y las FARC–EP firman hoy el Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

El presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño [1] firmarán a las cinco de la tarde en Cartagena el acuerdo final. A partir de este momento, la entrada en vigencia del documento quedará en las manos de los colombianos quienes el domingo dos de octubre a través del plebiscito lo aprobarán o desaprobarán.

El pasado jueves 8 de septiembre, la comunidad de paz de San José de Apartadó denunció públicamente que unos cincuenta paramilitares armados, de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia -AGC-, hacen presencia y están incursionando en el territorio, especialmente en las veredas Arenas Altas, Resbalosa, La Esperanza, Buenos Aires y El Porvenir. Desde que este grupo armado llegó a la zona ha intimidado a la población y ha amenazado con copar los espacios dejados por las Farc. “Ahora sí vinimos para quedarnos”, es uno de los mensajes que pueden leerse en las paredes de varias viviendas.

La presencia paramilitar en la zona viene agravándose desde octubre del 2015, cuando unas 200 personas de la vereda la Esperanza comenzaron a desplazarse hacia el casco urbano del municipio de Urabá por temor a las acciones armadas de los paramilitares.

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