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En distintos países de Sudamérica se vive momentos complejos en el acceso a la tierra y territorio. Muchas veces los Estados bloquean dicho acceso y existen diferentes actores que asechan las tierras y supervivencia de los indígenas y de los campesinos. Ante esta situación, se requiere nuevas estrategias para acceder a la tierra y territorio.

Ésa fue una de las reflexiones de la mesa “Estrategias de demanda y acceso a la tierra y territorio en Sudamérica” del IV Foro Internacional Andino Amazónico, donde participaron expositores de Paraguay, Argentina, Colombia y Bolivia.

La investigadora del Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS), Ruth Bautista, quien moderó la mesa, explicó que el acceso a la tierra y territorio en la región es bastante conflictivo, una evidencia de ello se refleja en el creciente número de asesinatos de indígenas y campesinos por defender su territorio.

“La tierra y territorio son bienes comunes pero también son bienes en disputa. En este contexto queremos conocer que se está produciendo desde las organizaciones campesinas indígenas, desde los territorios donde están los indígenas y campesinos”, provocó Bautista.

Los expositores dieron un contexto de cada uno de sus países y luego lanzaron propuestas de nuevas estrategias. Asimismo, valoraron la importancia de la mirada regional sobre este tema.

El investigador paraguayo Luis Rojas, aliado del Movimiento Regional por la Tierra y Territorio y autor del capítulo del Informe por la Tierra y Territorio 2016, agradeció al IPDRS y al Movimiento la posibilidad de ver regionalmente este tema. “Esto permite aprender y prever situaciones que se dan en los países y se puede generar aprendizajes para evitar que se den ciertas situaciones”, inició su intervención.

Acceso en Paraguay

Rojas explicó que en su país se vive una enorme disputa por la tierra y el territorio. “Es feroz cruenta e ilegal. El territorio y tierra generan disputas de diferentes sectores nacionales e internacionales”.

Manifestó que existe una enorme concentración de la tierra, lo que se refleja en que de las 5 millones de hectáreas (ha) de cultivos, 3 millones y medio de ha. están producidas por el monocultivo de la soja. A esa actividad le sigue la producción de arroz, la deforestación, y los especuladores inmobiliarios, cultivos ilícitos y negocios ilegales.

Respecto al acceso a la tierra de los campesinos y de los indígenas sostuvo que en la actualidad es “casi imposible acceder al tierra por parte de estos sectores”. Ambos sectores cuentan con 2 millones de ha de los 40 millones de ha de tierras totales. Y que pese a ello, sus tierras son asechadas por la agroindustria, que los desplaza y expulsa. “Los actores que concentran tierras quieren aumentar la superficie que ostentan. Hay migración forzada al campo”, dijo.

Relató que en los últimos 20 años, se asesinaron a 116 campesinos y hay una estigmatización contra ellos por parte de los medios de comunicación. “Refleja un poco lo que pasa en el continente. Es más fuerte y violenta”

Frente a este panorama, señaló que es momento de resistencia y de ratificar la vigencia y la vitalidad de las comunidades campesinas e indígenas; de reinventar estrategias para el acceso a la tierra y territorio; y de articular esfuerzos dentro de cada país y entre los distintos países de Sudamérica.

Acceso en Argentina

A su turno, el investigador argentino Juan Wahren, autor del capítulo Argentina del Informe 2016 de acceso a la tierra y territorio, explicó que pese a que su país no cuenta con una mayoría de habitantes en el área rural, existen 2 millones aproximadamente viviendo allí.

Señaló a la agroindustria como la principal amenaza a la vida de los campesinos y de los indígenas debido a sus consecuencias sociales y ambientales provocadas por la concentración de tierras y las fumigaciones.

“El agronegocio transformó la agricultura en una actividad extractiva que transforma lo renovable en un uso no renovable, porque por la producción del monocultivo, la tierra va perdiendo factibilidad y capacidad de producción, debido al uso indiscriminado de agrotóxicos, que hace perder las capacidades productivas”, resaltó Wahren.

En la misma línea de lo que ocurre en Paraguay, el agronegocio en Argentina es una actividad excluyente puesto que necesita expulsar a los campesinos e indígenas que habitan esos territorios.

Acceso en Colombia

Por su parte, Luz Mery Panche, coordinadora de organizaciones y pueblos indígenas de Colombia, explicó que en su país persisten 103 pueblos indígenas que continúan en la lucha de resistencia por la tierra y territorio.

Esta resistencia surge en un panorama complejo que vivió Colombia debido a la guerra interna que duró medio siglo. En ese contexto, que posibilitó espacios ocupados por las FARC y por paramilitares, los indígenas apostaron por la liberación de la madre tierra, que es central para el acceso a territorio.

Alternativas de estrategias:

Frente a la compleja situación en la que se vive en acceso a la tierra y territorio, los panelistas platearon algunas propuestas para generar nuevas estrategias de acceso. Entre las más importantes, los expositores coincidieron que una estrategia importante es que los indígenas y los campesinos cuenten con producción propia para consumir y que se apueste a una vinculación con los mercados de forma colectiva.

“La soberanía alimentaria debe ser de prioridad nacional, si no tenemos comida estamos abocados a seguir siendo dependientes del sistema económico capitalista. La producción define la economía y la economía define la política de un territorio”, sostuvo Panche.

Asimismo, resaltaron que para responder a las grandes amenazas es importante que los campesinos, los indígenas unan fuerzas. Panche señaló que las divisiones entre esos dos sectores es un enfrentamiento provocado por las grandes amenazas que le interesa esa fragmentación.

En la misma línea, Rojas instó a que se debe “buscar la unidad de los campesinos e indígenas en la diferencia. Hay que luchar juntos por el uso y acceso de la tierra, por una democracia más participativa”.

Por su parte, Wahren señaló que los campesinos e indígenas deben imponer su agenda al Estado y a la academia que quiere estudiarlos.

De ese modo, concluyó esta mesa que tenía el objetivo de mirar el acceso a la tierra y territorio de forma regional, encontrando puntos en común y aprender de los mismos.

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