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La sustitución de cultivos ilícitos por cacao ha sido una estrategia del gobierno nacional para que muchos productores entren a la legalidad. Aunque en el marco del Proceso de Paz, en enero de este año, comenzó uno de los programas más ambiciosos, es una tendencia que ya se había aplicado en el país.

“Yo cultivaba coca desde que tenía uso de razón. Era un fanático de la ilegalidad porque eso era lo que movía la economía de mi municipio”. Elmer Zapata es de Valdivia, Antioquia, conocida como la Puerta de Oro al Bajo Cauca. Cuando tenía diez años, en 2002, empezó a cultivar hoja de coca, la base para producir cocaína. “Era lo que hacía todo mundo en la vereda”.

A su familia no le gustaba lo que hacía. Sus abuelos Pablo Zapata y Maria Isabel Rojas siempre le pidieron que buscara un trabajo diferente porque en su pueblo la ilegalidad no dejaba nada bueno. Mientras unos eran perseguidos por las autoridades para judicializarlos y erradicar sus cultivos, otros estaban expuestos a extorsiones por parte de grupos armados. “No había tranquilidad”. Mucho le insistieron sus abuelos, hasta que en 2009 se acogió a un programa de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, liderado por el Gobierno Nacional y cooperación internacional.

En ese entonces, 130 familias decidieron cambiar la coca por el cacao. Elmer Zapata, un muchacho que solo había conocido sobre coca en su vida, buscó en el grano que hace la realidad el chocolate una nueva alternativa. “Tuvimos que cambiar todo porque veníamos de una cultura ilícita”.

- ¿Por qué lo hizo?

- Me tocó una etapa de violencia dura. En mi familia somos cuatro hermanos, de tres papás diferentes, y a todos los mataron los grupos armados por los cultivos ilícitos. No podía alimentar más la ilegalidad, quería mejorar la calidad de vida.

- ¿Qué significa eso?

- Estar tranquilo, tener un sustento, pero legal. Ahora puedo colgar una hamaca entre mis cultivos y acostarme a dormir ahí.

“En el cacao hay futuro”

Con los campesinos de las veredas El Pescado, Puerto Raudal, el sector de La Habana y el corregimiento de Puerto Valdivia, conformó Asocabal, la Asociación de Productores de Cacao de Valdivia. Son 77 productores que tienen cerca de 210 hectáreas en el municipio y recogen en promedio ochenta toneladas mensuales. En la finca que él trabaja, la de sus abuelos, es responsable de cinco hectáreas.

Más que cultivarlo, ahora Elmer Zapata hace parte de un proceso de transformación del grano para su venta. Con los productores aliados crearon la cooperativa de productores Chocolate Colombia, para entrar en el negocio y comercializar licor de cacao.

Su grano hace parte de un proceso de transformación. Una cadena que comenzó con la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos del año 2009, que desencadenó que pequeños productores crearan sus asociaciones para distribuir el grano y, después, que microempresas chocolateras buscaran adquirir la materia prima de las personas que como él cambiaron los cultivos de coca por cacao.

Una de estas microempresas es Mountain Food, que maneja la marca Cocoa Fusion, cuyos productos son elaborados con el cacao de Elmer Zapata y otros pequeños productores. Ricardo Aponte, gerente general, explica que el objetivo es convertirse en socios de los pequeños productores. “Es una estrategia presente en varios sectores del país como el Bajo Cauca, Córdoba, Tumaco y Valdivia, hay miles de familias que están vinculadas al cacao bajo este sistema”.

Con un cultivo de hoja de coca, en seis u ocho meses se está produciendo pasta de coca; con el cacao los agricultores pueden tardar hasta dos años para extraer el licor de cacao porque es una planta de ciclo largo. A partir del segundo año el producto comienza a aumentar hasta llegar a un tope máximo de dos mil o tres mil kilos por hectárea, en el sexto año.

FUENTE: EL ESPECTADOR

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