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Miércoles, 31 Enero 2018

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“Si no viviésemos aquí, no conversaríamos con nuestros hijos”, explica Gioconda.

En la lluviosa mañana del sábado 24 de febrero de 2018, el equipo del IPDRS partió de la ciudad de El Alto rumbo a la comunidad Phina Sallathiji ubicada en el municipio Corocoro de la provincia Pacajes. El objetivo del viaje fue visitar a la familia Aquino Poma, Diego, Gioconda y sus tres hijos, Milene (13), Lenin (9) y Darwin (4), protagonistas del Caso 154 de la plataforma del Movimiento Regional por la Tierra y Territorio.

Rosmery Villca, Wilfredo Plata, Janneth Quispe y Miriam Huacani, sistematizaron la historia y acompañaron esta visita. Rosmery cuenta que su familia procedente de la región conoció la experiencia y de esta forma, al emprender un trabajo de investigación para su maestría en desarrollo rural, decidieron aproximarse a la familia y relevar datos de su experiencia. Si bien Diego y Gioconda han nacido en el municipio de Corocoro se conocieron en la ciudad de La Paz, él conformación en agronomía y ella en enfermería, al principio con incertidumbre y luego con mucha esperanza, decidieron retornar al campo a criar a sus pequeños e impulsar sus actividades agropecuarias.

Gioconda cuenta que tenía muchas dudas, que fue muy difícil aprender las labores necesarias para vivir en el campo y sopesar las dificultades del agua, de la falta de energía eléctrica, de su propia iniciación en la crianza de animales. Ahora muy contenta explica que la ciudad y su estresante dinámica, no hubieran permitido su actual relación con los niños, su cercanía y el acompañamiento que les hacen. En verdad en el campo, “hay que ganarle al tiempo” afirma Gioconda, pero valora que sus hijos tengan el espacio suficiente para correr y estén creciendo a la vez que conocen de la agricultura. Diego explica que la idea de reservar agua es antigua y que aprovechó todas las oportunidades que pudo para seguir construyendo las denominadas qotañas, reservorios que sirven para el uso de los animales y para el riego de sus cultivos.

Los juegos nunca faltan, “así como trabajamos fuerte, también intentamos que no todo sea rutina, organizamos juegos con los vecinos, o con los chicos decimos, ‘ya, ahora vamos a jugar’ y ellos hasta empiezan a nadar en las qotañas”, cuenta Gioconda. Diego muestra que la administración de los recursos naturales ingresa al hogar, nos muestra orgulloso la antigua casa de sus padres y aquellos espacios que ellos ahora utilizan como quesería, taller de artesanía e incluso una ducha solar que les permite ahorrar energía eléctrica.

Son once qotañas las que la familia ha podido recuperar, sostener y construir. Cuentan que los vecinos les dicen “viciosos” pues no siempre las familias se convencen de la necesidad de construir reservorios. Gioconda conciente de la necesidad del trabajo explica que son los jóvenes los más abiertos a aprender a identificar los mejores suelos para construir qotañas, y varias familias son reacias pues han fracasado en sus intentos. Lo cierto que es que ambos se han convertido en referentes importantes en la comunidad, ella porque ha dirigido el comité de salud y él porque no escatima en compartir su conocimiento sobre los suelos, y se le ha invitado a impartir materia en la escuela.

El IPDRS entregó un pequeño reconocimiento a la familia, un cuadro en el que se valora “su apuesta por la producción de alimentos y la vida en el campo”, aunque creemos que los homenajeados somos nosotros. Nuestros anfitriones no sólo son amables, nos enseñan en sus sonrisas y abrazos el horizonte amplio y vivo de la ruralidad en el altiplano boliviano.

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