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El campo comunal de Cerrito Totora sirve a unas doscientas familias campesinas que utilizan el lugar para el desarrollo de ganadería en pequeña escala y la cría de animales menores, además de una importante reserva de bosques. La experiencia de uso colectivo de la tierra fue rescatada como un proyecto exitoso desde hace años por los pobladores y por organizaciones sociales nacionales e internacionales ya que el uso del campo comunal permitió el desarrollo y el arraigo de las familias campesinas de la zona.

A pesar de la importancia de este campo comunal para el desarrollo de la población de la zona Norte, el Estado no ha prestado apoyo para la protección de este bien de uso comunitario; el propio INDERT hizo caso omiso al reclamo de los vecinos de defender la propiedad ante el inminente desalojo, ya que el campo comunal pertenece formalmente a la Institución. Además el Poder Judicial desconociendo que el INDERT declaró Campo Comunal a esas tierras, ordenó el desalojo para una probable subasta ya que la propiedad formó parte anteriormente de los bienes del quebrado Banco Nacional de los Trabajadores.

Según los vecinos y vecinas el terreno es un elemento fundamental para el sostenimiento de las comunidades campesinas que resisten en la zona ante el avance de los agronegocios tanto en su faceta agrícola, con la plantación de soja transgénica, como con la ganadería intensiva para la producción de carne vacuna por parte de grandes propietarios. Según advierten los pobladores, el campo comunal podría ser entregado a sojeros o grandes ganaderos lo que representaría un golpe muy duro para las comunidades campesinas del lugar ya que quedarían prácticamente sin forma de mantenerse.

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2018-08-17 09:05:27

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