Mirarse en el espejo de la soberanía alimentaria

Fuente: IPDRS
Autoría: Ruth Bautista Durán
Fecha: Miércoles, 07 Junio 2017

La propuesta que ha gestado el IPDRS y su iniciativa de Interaprendizaje, el Campo virtual por la tierra y el desarrollo rural, convocaba a construir una mirada comparativa sobre la seguridad y soberanía alimentaria en Bolivia y Ecuador, y su metodología anunciaba un enfoque dialogante: “partir de uno, para encontrarse con otro y volver como ‘otra persona’”, un peculiar esfuerzo tratándose de un programa académico virtual y con estudiantes dispersos en dos países.

Mi expectativa por un curso virtual en temáticas específicas como la seguridad y soberanía alimentaria fue poder actualizar mis conocimientos, disponer de nuevas herramientas para mi trabajo como facilitadora y dinamizadora de una iniciativa de articulación sudamericana. Sin embargo, y por experiencia, mi expectativa también fue que el curso no me quite demasiado tiempo y que sea puntual en sus requerimientos y evaluación. En otros programas a los que pude acceder, las plataformas ofrecían el típico cuestionario de evaluación basado en el planteamiento de un enunciado y la selección múltiple con las opciones de ‘verdadero’, ‘falso’ o ‘ninguno’; y claro, el sentido común, la lógica y muchas veces la suerte acompañan los trajines de los estudiantes del campo virtual.

Hace varios años, en el norte del departamento de La Paz, sur de la Amazonía boliviana, mi frustración “académica” llegó al límite, pues viajaba haciendo un trabajo para un diplomado virtual, todo estaba calculado para llegar al último centro poblado con internet y entregarlo, pero ni la lógica, ni la suerte estaban de mi lado, se cortó la electricidad. Tomé el último bote del día y crucé el río Beni para llegar al siguiente poblado que a simple vista, sí tenía electricidad, llegamos, busqué el café internet, ingresé, me senté y se cortó la electricidad. Entonces, yo no tenía un teléfono inteligente, no estoy segura si existía el WhatsApp y para mi trabajo de socialización de los principios de la soberanía alimentaria -de acuerdo a la Vía Campesina- a las federaciones regionales de comunidades interculturales (colonizadores) de Bolivia, pues yo creía que no necesitaba de mayor tecnología.

Resignada a perder, el módulo y mi inversión, continué con mi travesía. Los viajes suelen mostrarte las dificultades de forma radical y también, la aproximación a los territorios suelen hacer que encarnes compromisos y proyectos de vida. A lo largo del curso, solía ser un tanto pesado escuchar el continuo tono del grupo de WhatsApp del grupo, unos desubicados, otros preocupadísimos, decidí imaginarlos en el trajín del viaje a campo, en la premura del compromiso y la inquietud de conocer para transmitir.

Podría corresponder a algún sesgo personal, pero tengo la sensación de que la mayoría de los participantes del curso fuimos profesionales, técnicos y promotores del desarrollo, además, personas de diversas edades, pero todas muy comprometidas con la soberanía alimentaria. Esto me parece fundamental, mi mayor aprendizaje es que no debemos desgastarnos en el –ya viejo- debate y diferencia entre seguridad alimentaria y soberanía alimentaria. Hace algunos años esta constatación y correlativo posicionamiento político me parecían fundamentales, ante las profundas transformaciones políticas y discursivas, una ya no puede no poner en cuestión todos los planteamientos y finalmente, la opción que desarrollamos, desde la investigación-acción en el IPDRS, los colectivos de activistas y las alianzas con organizaciones campesinas e indígenas, es la de encarnar y observar el fenómeno y la estrategia inmediata, próxima y accesible. Esta es una alternativa a la frustración que conlleva el vaciamiento de significado de grandes planteamientos como el Vivir bien/Buen vivir, que han develado –una vez más- la naturaleza dominante del Estado y también, nuestras propias limitaciones para encargarnos de la gestión pública.

El ejercicio de comparar historias, procesos de construcción de propuestas, correlación de fuerzas organizativas en el debate por el modelo de desarrollo, ha sido muy rico. Estas sensaciones “nacionalistas” de que “mi país está peor que el tuyo”, “estamos igual de mal”, “yo creía que ustedes la tenían más clara”, mostraron una frontera no geográfica, sino más bien, señalaron el ámbito fronterizo común y propio de los intermediarios, de quienes intentan trasladar significados, promueven o luchan por políticas mejores y articulan diversos actores. En muchos momentos, la crítica a los Estados, a los gobiernos, a las autoridades, resultaba cansadora, una espera encontrar planteamientos que nos den luces y nos abran caminos, pero claro, no ha sido objetivo del curso, el resolver estos temas y más bien, esta propuesta académica nos ha recordado que las ideas innovadoras, que las estrategias y vías alternativas, las presentan quienes en verdad apuestan en sus proyectos rurales, los campesinos e indígenas.

Me temía mucho, por cuestiones de tiempo, que nos planteen como trabajo final elaborar un ensayo académico binacional. No he sentido tanto alivio al ver que el trabajo final era no sólo buscar imágenes, sino también, mirar la soberanía alimentaria como espejo personal. Esta reflexividad que suelo promover en el ámbito de la investigación sociocultural, me ha interpelado en un ámbito que en cuanto a desarrollo, debo reconocer que he vivido de forma muy pragmática. Me ha costado mucho hacerme el video y explicar una experiencia. De ninguna forma, las opciones de ‘verdadero’, ‘falso’ o ‘ninguno’ pueden reemplazar el aprendizaje de una interpelación personal, este curso sí lo ha logrado.

Encontrar una narrativa personal sobre la soberanía alimentaria, trasladar el horizonte político al proyecto personal es un desafío mucho más grande que el conocer regímenes agrarios, ámbitos, dinámicas y mecanismos de la política alimentaria; éstos están sistematizados y compilados, en las lecturas de las unidades de este curso y otros compilados, lo que queda en el contexto actual, en el ámbito personal desencajado de uno y otro paradigma político, es interpelarse a uno mismo, recaer y repensar la enunciación propia, para acompañar y promover de mejor forma las aspiraciones y experiencias de soberanía alimentaria en nuestros territorios.