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Ser indígena en la ciudad: Una realidad al margen de la Ley

Fuente: Diario y Radio Uchile
Autoría: Abril Becerra
Fecha: Miércoles, 22 Febrero 2017

En conversación con Diario y Radio Universidad de Chile, el jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas de Santiago de la Conadi, Osvaldo Antilef se refirió a las demandas de la población indígena que vive en zonas urbanas, así como también, a los desafíos que debe enfrentar Conadi para resolver las inquietudes de estas comunidades. "Actualmente la población indígena de la macro región central, es decir, de la IV, V y VI y RM asciende a un 42 por ciento de la población indígena total del país y esto habla de realidades que se desconocían hace un tiempo atrás", advierte

El 5 de octubre de 1993 fue promulgada una de las normativas más importantes respecto de la protección de los pueblos originarios en Chile: la Ley Indígena. Entonces, el instrumento legal recogió los antecedentes del Acuerdo de Nueva Imperial, instancia realizada en 1989 que reunió las demandas de los pueblos atacameños, aymaras, rapanui y mapuche.

De esta manera, la normativa acogió las distintas necesidades de las etnias como la demanda de tierras, el apoyo institucional y la promoción cultural. Sin embargo, con los años, la legislación generó una serie de dudas en las comunidades indígenas rurales y urbanas.

Según Osvaldo Antilef, jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas de Santiago de la Conadi, esto se explica porque “la realidad del momento histórico que dio origen a la Ley Indígena fue un periodo en donde no existía una fotografía del mundo indígena”.

“Recién en 1992 tuvimos algunas cifras respecto de la dimensión indígena, pero no fueron suficientes como para elaborar un plan de trabajo de corto, mediano y largo plazo, que efectivamente diera satisfacción integra a las múltiples necesidades de la población”, señala.

De acuerdo el Censo de 2002, los indígenas que residen en la Región Metropolitana corresponden al 42 por ciento del total de la población del sector. Por ello, desde Conadi han impulsado una serie de programas para resguardar a los pobladores pertenecientes a pueblos originarios que habitan en la zona central del país.

“En la Región Metropolitana tenemos algunas comunas con alta densidad de población indígena, entre las que se encuentran La Pintana, Puente Alto, Peñalolén, Maipú y Cerro Navia. En un primer momento estos hermanos y hermanas que se establecieron en la ciudad, por su puesto lo hicieron con sus costumbres. Fueron criados en comunidad, por tanto, traían con ellos sus tradiciones ancestrales, sin embargo, ¿qué fue lo que sucedió?: no hubo intencionalidad en la política pública de que esas personas que estaban en la ciudad pudieran transmitir a sus hijos parte de la cultura”, indica Osvaldo Antilef, en conversación con Diario y Radio Universidad de Chile.

La Ley Indígena ha sido criticada por distintos actores de los pueblos originarios que advierten que la normativa debe actualizarse. ¿Qué sucede en el caso de los indígenas que viven en la Región Metropolitana? 

Existe una crítica respecto de que es la Ley Indígena. Hay quienes dicen que es un cuerpo normativo ruralista y no se hace cargo de la población indígena. Eso tiene mucho sentido, porque cuando se promulgó la ley se desconocía ese fenómeno. En segundo lugar, se critica la Ley por cuanto no menciona o no reconoce a todos los pueblos indígenas existentes, excluyendo, por ejemplo, a los Chonos, ya que también hay una demanda de ciertas personas que dicen pertenecer a este pueblo. También respecto de los selknam, porque también hay una demanda por reconocimiento y yo diría que el primer paso para poder avanzar en este sentido es primero tener una nueva institucionalidad, para poder conversar y realizar diálogos ciudadanos con el objeto de reformular una ley que ya no se hace cargo de las necesidades de los pueblos indígenas.

¿Cuál es la realidad de la población indígena en la Región Metropolitana?

Tenemos ciertas cifras que se sustentan en los Censos y en Casem de 2013 y 2015. Actualmente la población indígena de la macro región central, es decir, de la IV, V, VI y RM asciende a un 42 por ciento, una cifra no menor ya que un tercio de la población indígena a nivel país se encuentra en la Región Metropolitana y esto habla de realidades que se desconocían hace un tiempo atrás. De alguna manera Conadi ha identificado esto y a la vez ha focalizado cada uno de sus programas en, por ejemplo, jardines infantiles a través de una figura que es conocida como la educadora de lengua y cultura indígena que está inserta en instituciones de la Junji. Por tanto, lo que se ha hecho es tratar de enfrentar esta nueva realidad con las herramientas que actualmente tenemos.

¿Cuáles son las necesidades de la población indígena que vive en zonas urbanas?

Las necesidades tienen relación con la revitalización de las lenguas indígenas. Eso es sumamente importante y yo lo coloco en primer lugar, dado que la cultura de los pueblos indígenas se transmite de manera oral. En segundo término, está el derecho a la educación. Los jóvenes de entre 14  y 19 que desean proseguir con sus estudios formales buscan fuentes de financiamiento. También lo que se busca es mayor matrículas en los hogares indígenas, porque la población indígena viene de localidades apartadas a estudiar a la ciudad. Está el ejemplo de Santiago donde hay dos hogares indígenas y esos hogares son prácticamente de hermanos y hermanas que vienen de la región de La Araucanía a estudiar a Santiago. En la V región sucede lo mismo y, en tercer lugar, también es importante para las organizaciones indígenas obtener fuentes de financiamientos para costear los talleres que constantemente están realizando para culturizar a su propia gente.

¿De qué manera la población indígena logra mantener sus tradiciones una vez viviendo en sectores urbanos?

En este sentido, los créditos son de las mismas personas que migraron forzosamente a la ciudad. Actualmente, el fenómeno que estamos viviendo es que la población indígena en general  ha sido la punta de lanza para que, por ejemplo, en muchos lugares de la Región Metropolitana se estén realizando guillatún. De alguna manera, desde el punto de vista de la asociatividad son familias las que constituyen las comunidades en las regiones y excepcionalmente se incluyen a personas que forman parte de otros lof.

¿Cómo ha cambiado el tejido social de la población indígena durante los últimos años?

Lo que se está produciendo es un fenómeno social bastante interesante que es que los jóvenes que nacieron sin su cultura, aún cuando sus padres hablaban un perfecto mapudungún y conocían culturalmente su lof, ahora se están interesando en las tradiciones. En Santiago tenemos colegios emblemáticos como el Instituto Nacional o el Liceo de Aplicación donde tenemos jóvenes indígenas que han conformado distintos grupos que están enfocados exclusivamente en recuperar la cultura. En el Instituto Nacional se estableció impartir el ramo de lengua y cultura indígena y ahora los muchachos que hace diez años atrás podían elegir entre chino mandarían, francés, alemán e inglés ahora pueden elegir el mapudungún. Esto revela que actualmente son nuestros jóvenes los que están sirviendo como punta de lanza para las nuevas generaciones en términos de la reestructuración del tejido social indígena en la ciudad.

¿Por qué se explica este fenómeno?

Las sociedades indígenas son poblaciones que tienen un apego a la naturaleza, a la tierra y a lo espiritual. Creo que no hay una explicación racional que pueda dar una respuesta a esa inquietud. Simplemente es algo que ha nacido en los jóvenes. Uno podría decir que ahora en televisión e Internet uno puede encontrar material relativo y eso puede gatillar que un joven se interese en participar y vitalizar su cultura, lo que también puede ser, pero mi impresión es que nuestros jóvenes, de alguna manera, han tenido un renacer espiritual y están más bien interesados de manera genuina en buscar su cultura.

¿De qué manera los centros espirituales que existen en la RM permiten conservar las tradiciones?

Acá tenemos registrados varios centros culturales y de ceremonia que funcionan en varias comunas de la RM. Hay un ejemplo importante en Peñalolén donde tenemos dos rucas. En una de ellas funciona un jardín infantil donde los niños reciben otra formación que tiene relación con el respeto a la tierra, con el respeto a la naturaleza, con el respeto a lo distinto, porque también hay que recordar que en ciertas poblaciones de la RM ya no llegan solamente mapuches o aymaras, sino que también población indígena de otros países y también afrodecendientes. Las rucas tienen un significado importantísimo para la cultura en términos de haber ganado un espacio y eso ha empoderado a mucha gente para seguir participando en la recuperación cultural en la ciudad. En cuanto a lo espiritual tenemos algunas rucas que tienen este matiz de espiritual por cuanto en ellas se realizan ceremonias. Desde ese punto de vista acá también ha existido un trabajo en conjunto desde la institucionalidad y las asociaciones porque las rucas están emplazadas en terrenos de Bienes Nacionales.

¿Cuáles son los desafíos para que la población indígena que vive en sectores urbanos mantenga sus costumbres a la vez que se resguarden sus derechos?

¿Cuáles son los desafíos pendientes respecto de ese tema? Es una nueva institucionalidad. Por cierto que esto no va a ser la panacea, pero de alguna manera se hará cargo de una nueva realidad, porque en este momento, orgánicamente Conadi depende del Ministerio de Desarrollo Social, pero esto cambiaría de manera sustancial si se logra concretar esta nueva orgánica indígena que sería el Ministerio de Pueblos Indígenas y sus respectivos consejos de pueblos. De esta manera, en la práctica lo que se va a realizar es que Conadi pase a ser un Servicio más del Ministerio, de forma tal, que se puedan asignar mayores recursos para que se pueda focalizar la política pública en el mundo indígena. Esta nueva institucionalidad entregará mayores facultades, mayores atribuciones y crecimiento en el presupuesto para financiar los distintos programas. Conadi, por ejemplo, posee varios proyectos en diferentes reparticiones públicas como en el Ministerio de Salud donde existe uno destinado a la población indígena: el programa Pueblos Salud y Pueblos Indígenas. Entonces, a través de éste se ha intentado revitalizar, fortalecer, reconstruir el hecho religioso y, en la práctica, lo que se ha hecho traer a un machi para que efectúe sus atenciones en los diversos centros culturales y ceremoniales de la Región Metropolitana. En este sentido, la institucionalidad ha ido mutando y se ha tratado de adecuar a estas nuevas realidades.